viernes, 20 de marzo de 2009

Gora Bilbo

Lo sé, lo sé.., Había dicho que no me conectaría hasta Compostela, pero Bilbao me ha cogido por las pelotas y tuve que venirme acá a revisar mi status. Para mi sorpresa, todavía tengo unas cuantas monedas de oro en los bolsillos y me ha subido un punto la stamina.

Cinco días en el camimo. 160 kilómetros. Días de sentirme medieval. Estoy hilarando endorfinas con cada paso. Esto parece un telegrama. Brutal.

Más Cantábrico del que me pude imaginar y colinas, colinas, colinas con millones de pinos marinos y pinos normales y ganas enormes de que alguna guía mencione algo sobre la flora y la fauna de la ruta; pero no, que si don Archipiélago de Turúndumu construyó su ermita hace cuatro o cinco siglos, que si fray monseñor de Mamarraculo se la come, que si el papa se tiró a una tía que era bruja por aquí cuando la Santa Inquisición. Me cago en la ostia. Literalmente. Entonces uno debe andar adivinando e inventándose nombres. A unos pajarillos que vuelan haciendo 'eses' los he llamado Qüoblaxs, tantos caracoles (Ifgunats), todos en espiral, lombrices de medio metro (Xuvics), eucaliptos (esos sí me los sé) y una pluma mitad pelo mitad pluma, los corderos, las ovejas, las chivas y las cabras, el caballo que se comió mi primer cayado -uno de madera roja y líquenes que el mar quiso robarme (ah, qué idiotez)-, y el nuevo que parece más un báculo que otra cosa, recto de pino color cobre y verde; y la mochila sigue pesando lo mismo. Ya lo sabía, que mi cuerpo desnutrido se haría más resistente con los kilómetros sin importar la inanición (¿así se escribe?)..

Saliendo de Zumaia me topé con Sabrina, una austriaca que había comprado la misma marca de olivas que yo y que anda caminando para dejar de comer chocolate, su gran vicio. Tres días de clases de español, vinos vascos, risas y barro en los senderos. Apenas ayer nos despedimos (ella quiso pasar la noche en Morga, unos 20 kilómetros atrás) y yo seguí hasta Bilbao, porque quería ver el atardecer desde Iturritxualde: todo el espectro de rojo a añil que pueda uno imaginarse sobre las cordilleras; más abajo, la ciudad apenas encendiéndose, y a mi espalda una tercia de Etarras ocultando un cadaver. Saludé, me miraron y confabularon en esukera mi desaparición. Pero claro, si ando con báculo es porque soy peregrino, y aquí a los peregrinos se les respeta. Hoy a la policía a reportar el crimen. Antes, en Goikolexalde, llegué a una taberna cerrada y llamé a la puerta pidiendo una caña. Ha salido una anciana. Bancas de piedra, cerveza de barril, lonchas de jamón serrano, que lo viejo no me impide sentirme un niño y no tener corcel no me puede para creerme un caballero andante, que miren y traigo en prenda un lazo amarillo. Hoy soy mitad mago, mitad ladrón. Luego ya veremos.

Agur.

No hay comentarios.: