Primero las disculpas.
~Disculpas.
La mentira fue mentira; o, dicho de otra forma, es mentira que mentí. Fue por cansancio, por hastío, quizá por diversión. Ahora no me parece divertido. Cierto fue que cerca tuve a un primo; cierto también que todo viaje tiene dosis de mamadas y hay que sorbérselas como un niño los mocos. Entonces, intentando ponerle remedio al asunto, volvamos a Madrid a ver si esto sigue andando.
Digamos que los domingos huelen a meados en Madrid. Meados, meados. El Barrio de las Letras apesta a meados por la madrugada, cuando no hay nadie rondando. La Gran Vía, meada. Las afueras del Reina Sofía, meadas. El Museo del Prado, meado. La puerta del hostal, cerrada. Y yo tenía ganas de mear.., Compadeciéndome, la recepcionista me dijo que debía esperar hasta las 13:30 para poder usar la habitación (ya después aprendería a —como los madrileños— mear la ciudad), pero que podía dejar la mochila e irme a dar una vuelta.., claro, con el lastre de dos noches sin dormir, con lo único que deseaba era acostarme. Todavía tengo seis días, pienso, en este sitio (tan pocos, tantos para demasiado —pero no quiero pensar, sólo escribo) y vámonos, ahí veremos qué pasa. Pisar las citas en letras doradas sobre el adoquín. "En esta casa vivió y murió Don Miguel de Cervantes Saavedra", en una placa, bajo la cornisa. Los ojos rojos, fatigados. Una infusión de menta en Pans & Company, el monumento a Colón, la enorme bandera roja y amarilla, los semáforos para peatones que suenan como pollitos de feria digitales.. Tuit, tuit, tuit, camina, camina, dicen, estás en Madrid, carajo, ¿cómo te atreves a estar cansado? Lo sé, lo sé, respondo. Sólo vine a ver el Guernica, me repetía, si acaso, como excusa.
La lista era tan breve porque llegué a Madrid huyendo de mi cerebro, pero el hijoe'puta me siguió. Porque el tiempo se acorta, porque las cosas parecen agonizar y la gran ciudad con su movimiento grasoso y pesado me asquea. ¿A qué chingados vine? 'mtāmadre..! Picasso. ¡Sí, Picasso! Juan Gris, Lipschitz.., me repito, me repito, Hay que ver todo, cumple tu función, eres un turista, no te hagas pendejo, que no traigas camarita no te exime.., Anda, súbete al Madrid VISION, visita los grandes monumentos porque ni de coña vas a entender cómo funciona la gente, para eso tendrías que vivir aquí por años, por décadas, haber nacido aquí para entender por qué te mira con esa boquita de desprecio cuando vas por la calle tan mal vestido y despeinado, pitando el cigarrillo y pitando también los pensamientos. Vale, al Bar Roaming del hostal que sólo son 10€. No seas arisco que aquella gringa está maja y seguro se pone hasta la madre. Anda, no te finjas. Se auténtico, se único, únete al flujo.. Pero no quiero. Esto es un error. Me devolvía devolviéndome a paso lento, estorbando a los atletas matutinos, a las ancianas franquistas, a los homosexuales con sus Cocker Spaniels, a las parejas y sus carriolas rumbo al Palacio de Cristal. Esto es un error, en Gernika-Lumo se estaba más a gusto, y apenas daban las nueve.
En el Paseo de Recolectos (aunque esto fuera más tarde, otro día quizá) apareció Hanashi, luminoso por las copas, standing on a wooden box, silvery from toe to toe, him; y sonriente, frugal bodhisattva, cantó perfectamente quieto:
Ahoy! the sailor went
thru the wind stream yellin'
Ahoy! the sailor went, and went..
What difference does it make,
wailed the oak-mouthed girl,
to be cast-away or be cast-upon?
Ahoy! the sailor goes
on the brink aloof the rose is torn,
Avoid, the sailor goes
any difference at all!
What difference does it make,
sighed the pale-haired girl, anyways?
Knowe're jus'light travellin' light..
O, but Heed! the sailor goosed
with a gaze as still as rock
as he seized 'er by the waist
to wick their rangy selves,
All this violence in your skin!
There's eternity thawing
and the lamp goes swingin'
swingin' thru their slough..
Quise aplaudir, pero me contuve. Su mirada era de una tristeza bovina cuando bajó de la caja para acercarse, y no había nadie alrededor. "I'f bæn El Kijoute, Velázkæs, Durrero," me dijo alargando la mano para estrechar la mía, fría al tacto, "but I start'das a mime, u sæ? Same shæt. Roun' here you'f got to vocalize, boæ. VO-CA-LI-ZE. For the turists. Thos' shtuppid f'uckups, boæ. They give you the stare, yo now? The Stare, 'm shur you'f sæn it. I'nog yo, boæ; I'nog da like.., Hey, has any cigarettes?" Sure, dije ofreciendo la cajetilla; no había necesidad de ser grosero. Él levantaba los talones y agitaba las piernas. Parecía impaciente. "Dig la Castellana? I don'like Recolectos, mak'sme nerbooze", y sopló el humo sobre mi cabeza. "Half-a-mile of krap, boæ, big time! Gotta-get-away, 'mæn.. Gotta-get-away."
Mis primeras impresiones carecen de dinamismo y por ello son —como diría algún amigo— mera falacia en plural. Son materia del fingimiento, de la fingición supuesta, asemántica. Aterido por la inminencia del escaso ingenio, por lo demás irrelevante, resulta imprescindible reconfigurar el esquema, redefinir la correcta proporción (y sí, darle vuelta) para poder decir puerilmente algo que no tendría porqué ser tan complicado. Hablar del ser, del ser humano quiero decir; hablar de él y cómo ocurre y es ocurrido. El autor, por ejemplo, habla de sí, da de sí, lo que de humano tendría si no fuese autor; sus personajes, por el contrario, hablan de ellos y dan de ellos lo que de autor tuviesen si fueran humanos. Más allá de retorcer la sintáxis, es sólo un juego especular. Sin solución posible, el reflejo acude al crepitar de una voz consumada, y consumida, que se balancea entre narrar una realidad parca y estéril, y el rumiante infortunio del discurso anfisbénico revestido con esa brillantina espontánea que se adhiere a los tejidos luego de una noche de embriaguez y las lentejuelas en toda su imbécil anacronía. Ya opaco, se avergüenza de sí mismo. No tiene remedio. Quisiera, y esto lo confiesa sólo en la intimidad embrutecida que el hastío gesta entre dos viejos camaradas, no ser capaz siquiera de levantar la pluma. Daría la vida por el valor de reventarse el cráneo. Creyéndose apto para concebir lo inconcebible, se abstiene de crear. Sabe, afligido, que su creación retorna siempre —como al término el Todo a sus partes para diferenciarse de la Nada y observar las leyes indispensables de asimetría— a la dubitación genética, al impulso neutro que evade cualquier sentido. No es más un problema semántico tanto como sea un estado inconcluyente en la materia. Más cercano al desbalance protónico, cuyo tratamiento atenta contra su propia existencia, que al movimiento concéntrico que lo ha provocado, se centrifuga para invadir la periferia en un intento por afianzarse, fruto de la desesperación, al absurdo magnético que se le tiene vedado. De la suntuosidad en su método sólo extrae un brebaje amargo e inefectivo. Luego se complace, aunque lamenta admitirlo, en su fracaso. Lo considera justo, y en la intuición de una deuda cósmica ofrenda los sinsabores de la labor exangüe a un espectro de ídolos irrisorios que lo vigilan para impedirle cualquier clase de arrepentimiento. Así, incapacitado para el aprendizaje, se desintegra.
"Yo'sæm blue, boæ", siguió después, salteando la mirada como al azar, "Bright blue. Like those brunneras in the gardæn, the Ræl Gardæn, have you sæn'em?"
Y Madrid se antojaba perezosa, en los quioscos de revistas, en las esquinas con la gente adormilada esperando su verde, en los breves autos que recorrían las avenidas, perdiéndose luego entre el concreto casi sin hacer ruido.
~Disculpas.
La mentira fue mentira; o, dicho de otra forma, es mentira que mentí. Fue por cansancio, por hastío, quizá por diversión. Ahora no me parece divertido. Cierto fue que cerca tuve a un primo; cierto también que todo viaje tiene dosis de mamadas y hay que sorbérselas como un niño los mocos. Entonces, intentando ponerle remedio al asunto, volvamos a Madrid a ver si esto sigue andando.
Digamos que los domingos huelen a meados en Madrid. Meados, meados. El Barrio de las Letras apesta a meados por la madrugada, cuando no hay nadie rondando. La Gran Vía, meada. Las afueras del Reina Sofía, meadas. El Museo del Prado, meado. La puerta del hostal, cerrada. Y yo tenía ganas de mear.., Compadeciéndome, la recepcionista me dijo que debía esperar hasta las 13:30 para poder usar la habitación (ya después aprendería a —como los madrileños— mear la ciudad), pero que podía dejar la mochila e irme a dar una vuelta.., claro, con el lastre de dos noches sin dormir, con lo único que deseaba era acostarme. Todavía tengo seis días, pienso, en este sitio (tan pocos, tantos para demasiado —pero no quiero pensar, sólo escribo) y vámonos, ahí veremos qué pasa. Pisar las citas en letras doradas sobre el adoquín. "En esta casa vivió y murió Don Miguel de Cervantes Saavedra", en una placa, bajo la cornisa. Los ojos rojos, fatigados. Una infusión de menta en Pans & Company, el monumento a Colón, la enorme bandera roja y amarilla, los semáforos para peatones que suenan como pollitos de feria digitales.. Tuit, tuit, tuit, camina, camina, dicen, estás en Madrid, carajo, ¿cómo te atreves a estar cansado? Lo sé, lo sé, respondo. Sólo vine a ver el Guernica, me repetía, si acaso, como excusa.
La lista era tan breve porque llegué a Madrid huyendo de mi cerebro, pero el hijoe'puta me siguió. Porque el tiempo se acorta, porque las cosas parecen agonizar y la gran ciudad con su movimiento grasoso y pesado me asquea. ¿A qué chingados vine? 'mtāmadre..! Picasso. ¡Sí, Picasso! Juan Gris, Lipschitz.., me repito, me repito, Hay que ver todo, cumple tu función, eres un turista, no te hagas pendejo, que no traigas camarita no te exime.., Anda, súbete al Madrid VISION, visita los grandes monumentos porque ni de coña vas a entender cómo funciona la gente, para eso tendrías que vivir aquí por años, por décadas, haber nacido aquí para entender por qué te mira con esa boquita de desprecio cuando vas por la calle tan mal vestido y despeinado, pitando el cigarrillo y pitando también los pensamientos. Vale, al Bar Roaming del hostal que sólo son 10€. No seas arisco que aquella gringa está maja y seguro se pone hasta la madre. Anda, no te finjas. Se auténtico, se único, únete al flujo.. Pero no quiero. Esto es un error. Me devolvía devolviéndome a paso lento, estorbando a los atletas matutinos, a las ancianas franquistas, a los homosexuales con sus Cocker Spaniels, a las parejas y sus carriolas rumbo al Palacio de Cristal. Esto es un error, en Gernika-Lumo se estaba más a gusto, y apenas daban las nueve.
En el Paseo de Recolectos (aunque esto fuera más tarde, otro día quizá) apareció Hanashi, luminoso por las copas, standing on a wooden box, silvery from toe to toe, him; y sonriente, frugal bodhisattva, cantó perfectamente quieto:
Ahoy! the sailor went
thru the wind stream yellin'
Ahoy! the sailor went, and went..
What difference does it make,
wailed the oak-mouthed girl,
to be cast-away or be cast-upon?
Ahoy! the sailor goes
on the brink aloof the rose is torn,
Avoid, the sailor goes
any difference at all!
What difference does it make,
sighed the pale-haired girl, anyways?
Knowe're jus'light travellin' light..
O, but Heed! the sailor goosed
with a gaze as still as rock
as he seized 'er by the waist
to wick their rangy selves,
All this violence in your skin!
There's eternity thawing
and the lamp goes swingin'
swingin' thru their slough..
Quise aplaudir, pero me contuve. Su mirada era de una tristeza bovina cuando bajó de la caja para acercarse, y no había nadie alrededor. "I'f bæn El Kijoute, Velázkæs, Durrero," me dijo alargando la mano para estrechar la mía, fría al tacto, "but I start'das a mime, u sæ? Same shæt. Roun' here you'f got to vocalize, boæ. VO-CA-LI-ZE. For the turists. Thos' shtuppid f'uckups, boæ. They give you the stare, yo now? The Stare, 'm shur you'f sæn it. I'nog yo, boæ; I'nog da like.., Hey, has any cigarettes?" Sure, dije ofreciendo la cajetilla; no había necesidad de ser grosero. Él levantaba los talones y agitaba las piernas. Parecía impaciente. "Dig la Castellana? I don'like Recolectos, mak'sme nerbooze", y sopló el humo sobre mi cabeza. "Half-a-mile of krap, boæ, big time! Gotta-get-away, 'mæn.. Gotta-get-away."
Mis primeras impresiones carecen de dinamismo y por ello son —como diría algún amigo— mera falacia en plural. Son materia del fingimiento, de la fingición supuesta, asemántica. Aterido por la inminencia del escaso ingenio, por lo demás irrelevante, resulta imprescindible reconfigurar el esquema, redefinir la correcta proporción (y sí, darle vuelta) para poder decir puerilmente algo que no tendría porqué ser tan complicado. Hablar del ser, del ser humano quiero decir; hablar de él y cómo ocurre y es ocurrido. El autor, por ejemplo, habla de sí, da de sí, lo que de humano tendría si no fuese autor; sus personajes, por el contrario, hablan de ellos y dan de ellos lo que de autor tuviesen si fueran humanos. Más allá de retorcer la sintáxis, es sólo un juego especular. Sin solución posible, el reflejo acude al crepitar de una voz consumada, y consumida, que se balancea entre narrar una realidad parca y estéril, y el rumiante infortunio del discurso anfisbénico revestido con esa brillantina espontánea que se adhiere a los tejidos luego de una noche de embriaguez y las lentejuelas en toda su imbécil anacronía. Ya opaco, se avergüenza de sí mismo. No tiene remedio. Quisiera, y esto lo confiesa sólo en la intimidad embrutecida que el hastío gesta entre dos viejos camaradas, no ser capaz siquiera de levantar la pluma. Daría la vida por el valor de reventarse el cráneo. Creyéndose apto para concebir lo inconcebible, se abstiene de crear. Sabe, afligido, que su creación retorna siempre —como al término el Todo a sus partes para diferenciarse de la Nada y observar las leyes indispensables de asimetría— a la dubitación genética, al impulso neutro que evade cualquier sentido. No es más un problema semántico tanto como sea un estado inconcluyente en la materia. Más cercano al desbalance protónico, cuyo tratamiento atenta contra su propia existencia, que al movimiento concéntrico que lo ha provocado, se centrifuga para invadir la periferia en un intento por afianzarse, fruto de la desesperación, al absurdo magnético que se le tiene vedado. De la suntuosidad en su método sólo extrae un brebaje amargo e inefectivo. Luego se complace, aunque lamenta admitirlo, en su fracaso. Lo considera justo, y en la intuición de una deuda cósmica ofrenda los sinsabores de la labor exangüe a un espectro de ídolos irrisorios que lo vigilan para impedirle cualquier clase de arrepentimiento. Así, incapacitado para el aprendizaje, se desintegra.
"Yo'sæm blue, boæ", siguió después, salteando la mirada como al azar, "Bright blue. Like those brunneras in the gardæn, the Ræl Gardæn, have you sæn'em?"
Y Madrid se antojaba perezosa, en los quioscos de revistas, en las esquinas con la gente adormilada esperando su verde, en los breves autos que recorrían las avenidas, perdiéndose luego entre el concreto casi sin hacer ruido.
1 comentario:
Yay! <-- gritito de entusiasmo porque escribiste en idiomas que conozco, es que no me gusta el portugués, ni pensarle.
Toma Pepsi Kick.
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